sábado, 4 de octubre de 2008

A BARBATE NI AGUA


Se cuenta, se rumorea,..., me dicen que han oído en ciertos círculos, a los que a algunos políticos gustan llamar en “petit comité”, que un importante cargo del Partido Socialista Obrero Español, para más señas alto jerarca de la más rancia estirpe política posfranquista, y actualmente todopoderosa estirpe de uno de los clanes próximo a Barbate geográficamente hablando, decir: “a Barbate ni agua”.

Un desliz verbal al que son abonados más de uno de estos señores y que otros a posteriori van al quite, pero con poco resultado. Lo dicho, dicho está, y donde dijo "digo" nadie creerá a estas altura que dijo "Diego"o, lo quiso decir.

Desliz o no, me preocupa, aún sin saber el contexto dialéctico en que esta conversación tuvo lugar. Y esta preocupación me lleva a dos reflexiones:

UNA.- Si es cierto, ese señor o señora por “vergüenza torera” o dignidad política debe dimitir – un imposible – o bien ser barrido de la arena política por aquellos que correspondan – otro imposible -. ¿Quién barre al barrendero? He ahí la cuestión.

DOS.- Si no es verdad lo parece. Por que…. ¿dónde están esos “emperifollados” señores y por supuesto señoras, que dos días antes de las anteriores elecciones municipales dieron su más incondicional apoyo a nuestros candidatos?

Reconozco que esa noche me emocioné (¡que iluso!) y como yo la mayoría de los asistentes (sus rostros los delataban). Hubo momentos en que, confundiendo lo humano con lo divino, creímos a cuantos desde la tribuna de oradores salieron a prometernos el maná, sin caer en la cuenta de que en este desierto que atravesamos sólo llevamos veinte años (¿caso Guerra?) y no los cuarenta preceptivos.

Bueno ya está bien de circunloquio, al pan pan y al vino vino. No queremos a hombres ni mujeres que velen por nosotros, no queremos salvadores -aunque muchos de ellos se hayan salvado gracias a nuestros votos- al final estos individuos se revelan como lo que son, unos perfectos impotentes incapaces de arreglar nada y mucho menos de devolver a alguien algo tan sencillo y básico como la esperanza y la ilusión. A nosotros estos mismos hombres y mujeres nos han relegado al ostracismo. ¡Cuánta penitencia debemos aún cumplir!

Para terminar y como última reflexión se me ocurre que probablemente una de las pocas salidas que nos quede para reflotar a nuestro pueblo no sea otra que el individual y mudo trabajo – sin testigo a ser posible – de cada uno de nosotros. Un trabajo al margen de cualquier ideología – el verbo salvar sólo lo podemos conjugar nosotros con nuestro trabajo -, porque ya lo dice el refranero: “con amigos como estos, para qué quiero enemigos”. Bueno tampoco nos vendría mal una manita de un tal Cabaña, como esa de las que echa allí donde todos sabemos – un imposible más imposible aún si cabe-.

-La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.
Juan de Mairena a sus alumnos.