miércoles, 4 de febrero de 2015

UNA NUEVA BRISA DE AIRE FRESCO




Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran, 

me esparcen el corazón 

y me aventan la garganta.

(Miguel Hernández)

Después de lo vivido el día 31 de enero en la Casa de la Cultura de Barbate, se me hace difícil el no dar unas pequeñas pinceladas sobre el acto.

Ni que decir tiene que me sorprendió el aforo, muchas, muchas personas abarrotaban el recinto que si ya es pequeño aún lo parecía más. Con la perspectiva que da el tiempo transcurrido, que hace que se vayan sofocando las primeras calenturas que normalmente llevan a tratar cualquier tema con cierta parcialidad propia de las emociones vividas, me gustaría hacer algunos comentarios.

En principio, yo que no soy partidario de muchos experimentos en política, que no partan de un empirismo más que contrastado, tengo que aceptar que, dada la situación general que vive el pueblo español, el andaluz y Barbate en especial; ¿qué más podemos perder? ¿Puede esta situación empeorar? Rotundamente sí, si seguimos por el mismo camino y con las mismas políticas que hasta ahora se están llevando a cabo. Por ello también sería bueno el preguntarse, bueno y … ¿qué podemos perder con un cambio de rumbo más o menos radical? Entiendo que más bien poco (como no nos despeinen no sé qué más perderíamos). En política como en cualquier otra faceta de la vida debemos reivindicar el derecho a equivocarnos pero también la obligación de rectificar; esto que parece ser perogrullada hay quienes no lo aceptan por razones que no vienen al caso enumerar pero que están en la mente de todos.

Siguiendo el hilo de lo acaecido el día de los hechos, otras de las cosas que me sorprendió fueron los corrillos de gente con un único motivo de conversación: en Barbate, después de muchos años, una ventana a la esperanza parece que se está abriendo y la culpa de que esto suceda la tiene un movimiento de carácter ciudadano: cuyas raíces más profundas se hunden en los movimientos vecinales, plataforma contra Retín, contra los recibos abusivos de Aqualia, y otros movimiento reivindicativos que con el nombre de SomosBarbate intenta tomar la iniciativa por y para el cambio con un simple lema: “Hay otra forma de hacer política más justa y solidaria” sin perjuicio de nada ni nadie. Simplemente es un movimiento, aún por estructurar, con el único objeto de mejorar la gestión municipal tan denostada y desprestigiada desde hace mucho.

Decía alguien durante el acto, en uno de estos corrillos, que ojalá Barbate deje de estar sólo entre dos mares: “la mare que parió el levante y la mare que parió el poniente”. Ya es hora de que otra nueva brisa fresca se levante y airee los cubículos cerrados que huelen a humedad añeja y rancio putrefacto.
Con esto no quiero lanzar una soflama gratuita, ni muchísimo menos hacer apología de ideas con las que aún no me siento familiarizado, es decir, no es un cheque en blanco a SomosBarbate, sólo pretendo que sea una llamada al sentido común, a la reflexión y sobre todo al voto responsable y comprometido cuando llegue la hora de las urnas. Que no sea el miedo ni muchísimo menos la coacción quienes nos condicionen.

Los dogmas que antes eran inamovibles y que posiblemente el pueblo necesitase para su supervivencia han pasado a mejor vida afortunadamente. Ya estos planteamientos sólo sirven para etiquetar y no siempre las etiquetas han hecho justicia.

Termino no sin antes hacer una pequeña reflexión: “no sé si los barbateños hemos perdido o no la inocencia, lo que sí me consta es que, cuando alguien busca su lugar y lucha por su supervivencia, a veces, aunque sea dando un mordisco de más, logra encontrar ese lugar. Su lugar.

Hasta luego

Paco Gil


La historia la hacen los pueblos

Salvador Allende