lunes, 7 de marzo de 2016

DESMITIFICANDO LA HEREJÍA




Tras unos meses de inactividad en los que he tenido “abandonado” el blog, vuelvo a la carga. Podría aducir muchos motivos pero ninguno justificaría la apatía que en ocasiones parecía estrangularme y me imposibilitaba publicar.

Tenía varios artículos escritos y otros en el tintero, pero… no sé, sencillamente no tenía ganas. Pero como también sé, que la única forma de vencer la desgana es actuando, aquí estoy de nuevo.
De entre los escritos que tengo me he decidido por uno que a mí particularmente me ha parecido interesante, y además es de rabiosa actualidad. Espero que os guste:

***

Imaginemos por un momento que es cierta esta frase atribuida al Papa Francisco:

No es necesario creer en Dios para ser una buena persona. En cierta forma la idea tradicional de Dios no está actualizada. Uno puede ser espiritual pero no religioso. No es necesario ir a la iglesia y dar dinero. Para muchos la naturaleza pude ser una iglesia. Algunas de las mejores personas en la historia no creían en Dios, mientras que muchos de los peores actos se hicieron en su nombre”.

Ahora imaginemos que hubiese sido pronunciada unos siglos atrás. Sí, ya sé lo que prácticamente todos estamos pensando: ¡Cuánto sufrimiento nos habríamos ahorrado! Y en cuanto al mundo que nos tocaría vivir, ¡Qué diferente sería! ¡Cómo una simple frase hubiese cambiado radicalmente la Historia!

No llego a imaginarme ese mundo, pero  no me cabe la menor duda que sería socialmente más tolerante y científicamente mucho más avanzado; no sé si mejor o peor, pero desde luego muy diferente. Me resisto a pensar ni tan siquiera en la remota posibilidad de que fuera peor. De cualquier manera, ahí lo dejo para que cada cual saque las conclusiones que desee. De lo que no me cabe la menor duda es que es un intento del Papa, de modo rigurosamente firme e irrevocable, de volver a la esencia de la religión, sea cual sea ésta.

En ese mundo utópico en cuyo pendón de cabeza figuraría con letras de oro la palabra TOLERANCIA, la Historia con toda probabilidad la escribirían a partes iguales vencedores y vencidos. De esta manera no tendríamos una visión unilateral de los hechos y no tendríamos miedo a aquello que jamás ocurrió. Sencillamente por eso, porque no ocurrió. Viviríamos en un mundo más igualitario en la que la palabra misericordia tendría un sentido mucho más restringido en favor de la justicia, de mucho más calado y enjundia social. No habría verdades inamovibles, talladas en piedra, en la que la ortodoxia estaría repartida de forma aleatoria y las herejías serían monedas de curso legal.

No sé a ciencia cierta si la verdad nos hará libres o no, pero si es así desearía que no fuese una verdad impuesta desde arriba, sino esa verdad de la que todos somos un poco dueños y otro poco vamos descubriendo.

Desde este punto de vista, me vais a permitir que me considere hereje, probablemente un hereje frustrado, sí, pero hereje al fin y al cabo porque he intentado ir siempre en contra de todo aquello que la más estricta ortodoxia social, religiosa, política y económica me ha querido imponer por la fuerza, por el chantaje o recurriendo al miedo.

Antes de terminar quisiera hacer una pequeña reflexión. ¿Habéis pensado cuántos desearían excomulgar al Papa Francisco por apóstata, hereje o algo peor?

Además, hay un punto en que los infortunados y los infames se mezclan y se confunden en una sola palabra, palabra fatal: los miserables

Los Miserables 
Víctor Hugo


Hasta luego 

@PacoGilBarbate