miércoles, 15 de junio de 2016

CONVERSACIONES: VALENTÍN FUSTER Y JOSÉ LUIS SAMPEDRO: "EL INFARTO SOCIAL"



LA CIENCIA Y LA VIDA. PRIMERA PARTE

CONVERSACIONES: “VALENTÍN FUSTER” Y JOSÉ LUIS SAMPEDRO


CON OLGA LUCAS

VF.- Valentín Fuster
JLSP.- José Luís Sampedro.


UN INCISO

JLSP. Antes de nuestro diálogo, es imprescindible parar, librarnos de afanes cotidianos, de la vorágine que nos aturde.

            Para ello nos hemos acogido al parador de Cardona, en la antigua Marca Hispánica de Carlomagno, monumento secular, una gran construcción medieval que fue palacio, fortaleza y monasterio a un tiempo: los tres poderes máximo. Los tres se desvanecieron aquí. Un recinto que pese a sus orígenes (centro de poder), ha sido el germen de la serenidad, tan necesario para la reflexión.

            El valor simbólico de Cardona nos ayudará a pensar mejor sobre un tiempo que, creo, a los dos nos parece inquieto, agitado, crispado, retorcido… Por lo que a mí respecta, al menos, me encuentro profundamente alarmado y descontento con el mundo en el que vivo

VF.- Después de agradecer el hecho de estar los dos juntos dialogando, secunda plenamente la afirmación de “para dialogar, parar”.

            A lo largo de toda mi vida profesional me declaro un observador de lo que yo llamaría la incertidumbre, la incertidumbre que la enfermedad trae consigo.

Mi filosofía es el resultado de una combinación entre Aristóteles y Platón. E decir, por una parte soy muy pragmático y me gusta la acción. La acción que tenga una motivación, un objetivo: este sería mi lado aristotélico. Por otra parte, creo mucho en lo que podríamos definir alma humana, espíritu, humanismo; eso es lo que  llamo  mi parte platónica y a esa parte le doy mucha importancia.

En consecuencia, para mí, la salud es precisamente un estado de equilibrio corporal y emocional.

JLSP.- Yo me veo menos eficiente, soy un poco más contemplativo, menos de acción que tu yo “aristotélico”.

EL INFARTO SOCIAL

JLSP.- Veo la sociedad a punto de infartar. Me  explico. Vaya por delante que cuando hablo de sociedad no estoy hablando de la humanidad, estoy hablando del sistema de vida occidental porque, claro, el ochenta por ciento de la humanidad es otra cosa, algo que no deberíamos, y sin embargo solemos, olvidar porque los occidentales padecemos de un egocentrismo terrible.

            Después de poner algunos ejemplos continúa.

Yo veo la sociedad en la misma forma de estado de riesgo del que tú hablas en relación con la salud; hablas de desequilibrio, de inquietud, de incertidumbre por la enfermedad. Bueno, la sociedad actual tiene, no ya incertidumbre, tiene miedo. Y esto es lo que hace que estemos en permanente estado de infartar y eso me parece motivo de inquietud para el futuro.

VF.- Estoy completamente de acuerdo contigo de que estamos viviendo en un mundo que parece haber perdido la brújula del razonamiento. Estamos viviendo en un mundo muy acelerado en el que, como contrapartida, el hombre está actuando de manera muy pasiva. En otras palabras, en un mundo súper acelerado en el que no hay tiempo para la reflexión; simplemente parece que todos debemos subir al tren, sin saber cuál es el destino y cuanto más rápido, mejor.

            Éste es un problema de la tecnología moderna. Fíjate José Luís, el problema de la tecnología moderna es que, por un lado, ha ayudado muchísimo en muchas cosas… para salvar vidas por ejemplo, pero también para mejor atentar contra ellas. Y esto hace que el mundo, además de acelerado, sea cada vez más vulnerable, que es lo que tú estás diciendo.

            Según esto, el diagnóstico del problema parece claro, pero… ¿dónde está la solución? De una manera simplista, uno diría: bueno tenemos que volver al mundo primitivo. Sin embargo, ¿es esto posible?

            Resulta curioso señalar que el infarto no existía hace quinientos años, por tanto, no hay duda de que estamos hablando de una enfermedad moderna, de una enfermedad extendida de forma explosiva en los últimos cien años. Eso corroboraría tu pensamiento de que el mundo acelerado está infartando. (28-29). Este es mundo acelerado en que vivimos el que nos lleva a descuidar nuestro propio organismo. Cuando hablamos de factores de riesgo como el tabaquismo, cuando hablamos de la obesidad o de la tensión arterial, nos estamos refiriendo a una sociedad de consumo en la que aparecen unos factores unos factores para los que el organismo no estaba preparado. Hay una relación directa entre una sociedad de consumo y su herencia, una sociedad con infarto de miocardio.

            A mí lo que más me preocupa no es que esta sociedad entre en infarto, lo que más me preocupa es el sistema extrañamente pasivo en el que está entrando la sociedad. Los niños ya no corren, solamente miran las computadoras, están continuamente con los teléfonos móviles y juegos electrónicos o frente al televisor. Se está configurando una sociedad que no se mueve, una sociedad en la que te consumes sin tan siquiera darte cuenta de ello.

JLSP.- Todo esto me sugiere muchas cosas sin embargo…, me quedo en tu pregunta ¿dónde está la solución para una vuelta atrás? Yo no creo que se pueda volver atrás; hay que plantearse otros estados de equilibrio, no la vuelta atrás. Tras una amplia reflexión sobre el tema y algunos ejemplos, nuevamente vuelve a preguntarse sobre la posibilidad de la vuelta atrás. Su respuesta es la misma: “lo veo difícil” y lo ilustra haciendo referencia a la irrupción emergente de China y otros países orientales. Continuando en esta línea, argumenta: “El occidental tiene frente al mundo exterior un afán de dominio, de modificarlo, de aplicar la técnica, la acción en suma, voluntad de transformación. El oriental, por lo menos en culturas tan importantes como las de China y la India, es otra cosa. En lugar de la transformación del medio, en China tradicionalmente se ha perseguido la adaptación al mismo. El Tao busca la armonía, la adaptación, ser como el agua, no transformar la vasija donde se vive, sino acomodarse a ella”.

            Pero en la práctica, tampoco vale este planteamiento. No podemos desde nuestro nivel económico, decirle a las multitudes hambrientas de China y la India: “Pongámonos todos a adaptarnos al medio sin transformar nada”. Porque eso supone para ellos seguir sin comer.

            No retornar al pasado me parece muy difícil; en cambio, habría que buscar un nuevo estado de equilibrio. Creo, además, que a lo largo de la historia se ha ido progresando de esa manera, buscando nuevas formas.

            Sin embargo yo tampoco se cuál es ese estado equilibrio y mucho menos cómo se alcanza. Tengo claro que las soluciones requieren cambios mentales, cambios de actitud por parte de todos.

            Respecto a las medidas que parece que se están tomando por parte de los países desarrollados tendentes a restablecer un equilibrio en el desarrollo económico, me da la impresión que de entrada todo lo que se está escribiendo es falso. Es mentira. Con las ayudas actuales nunca será posible igualar el nivel de los unos a los otros. Sin una redistribución de los recursos mundiales, no es posible.


            Volviendo al punto de partida nuevamente se reafirma en la dificultad que supone volver al pasado. “La historia no retrocede, quema etapas”. Ahí esta el ejemplo de la I Guerra Mundial: lejos de restablecer el orden, como algunos creían, pronto se vio que no, aquel mundo se acababa y empezaba otra etapa de la historia.





Paco Gil (@Pacogilbarbate)
Hasta luego